BLANCO Y SILENCIO, GOYENECHE

 

Entramos en el dominante mundo de lo frágil y para ello ha sido elegida una galería ciertamente adecuada, Orfila 3 (…). Goyeneche pinta óleos y realiza collages y monotipos, pero su particularidad diferenciadora, en este momento, son los ‘Libros de artistas’, de los que en Orfila, nos deja ver un buen número con sus variaciones.
También se encuentra representada en esa otra, lamentable por la inadecuada, nula, promoción que se ha hecho de ella. Son sus libros, inutilidades para las deshoras, sumario de ideas que no estan escritas son ilustraciones arrancadas por superfluas páginas depositarias de huellas de nebulosas de ensueños y de intimidades, horadas dejandonos el rastro, el rasgo del encuentro sublimado y lírico con el mundo de lo hermoso e inmaculado.
Libros no aptos para ser leidos, de tipografía inexistente, hechos para ser mirados, tocados, y amados.
Evidencias de la necesidad de la página en blanco, de lo blanco con su infinita carga de connotaciones de todo tipo.
Blanco en concepto y sus multiples aceptaciones que nos llevan al quebranto y fragmentación, a la otra necesidad, la de la ruptura como exploración de la superficie, en este caso grueso pasta de papel hecha a mano, fuertemente texturado, papel hecho para gozar de su rotura, en liberación, transparentando sus lugares ocultos.
Metáforas visuales de los libros de Goyeneche, hechas con la fatalidad del rito de la destrucción, superficies de papel como umbral entre la certeza y el agujero magnetico y sin fondo. Pliegos de pasta en formatos de dimension estática, aniquilados por la oquedad. Ejercicio de la mano trasgesora de cavernas, simas para la pasión y el misterio, el consuelo y la melancolia. Sonidos y gritos de la trasgresión que deberían estar acompañando la exposición, crugidos del papel que nos han sido usurpados y serían otra obra de arte, música de papel (…).


Carlos Sanchez
Galería Orfila, Madrid, Febrero 1988