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NO ES FACIL FABRICAR SUEÑOS
Ainize Txopitea. Londres

El arte lo he vivido desde la infancia. Mi padre era pintor y fue él quién sembró la semilla del arte en mi. Ahora me me toca a mi regar el árbol creativo que crece dentro. Una noche me dijo ‘el artista tiene que enfrentarse a dilemas más allá del día a día’. Ahora comprendo el dilema; se trata de enfrentarse al lienzo en blanco, al universo de uno mismo. Es maravilloso abstraerse, hacer una escapada al inmenso océano de la imaginación y plasmarlo plásticamente. El resultado es siempre sorprendente.


Mi obra recoge collages digitales, foto montajes y técnicas mixtas, que ofrecen poemas conceptuales e historias femeninas. Palabras y visuales, poesía e imagen están entrelazados e interseccionados para trazar un mundo globalizado en torno a los rituales de amor, la vida y la muerte. Con mis obra pretendo expresar las sensaciones que pasan por mi pensamiento, trasformando la información semántica en un plano estético para invitar a la reflexión del espectador.
En nuestra relación con todo lo que nos rodea, nos encontramos inmersos en una serie de lenguajes autónomos que poco a poco van siendo descubiertos y traducidos por nuestros sentidos.


Política, cultura, religión, caos, amor,libertad, esperanza. El arte puede servir como un canal para expresar sentimientos, reivindicar preocupaciones o recordar el zeigest del pasado. Puede ser utilizada como arma comunicativa en este planeta desolado y agredido. Como una crónica visual de crítica y de denuncia, de protesta contra la muerte del espíritu.


En una sola mirada se puede lograr transmitir una brevedad esencial vinculada a las emociones más primarias, o por lo contrario ir desvelando capa a capa una conciencia pictórica desarrollada a lo largo de los años. Aun así no es fácil fabricar sueños y menos vivir de ellos. Somos muchos los que queremos que se nos escuche pero la voz suena muy bajito entre tanto ruido y muros tan altos.


‘Derrumbar el muro de una vez por todas, derrumbar el muro vencido por la pesadilla, derrumbar el muro entre tu y yo, derrumbar el muro sin derrumbarme’. Como artista me conformo con ir derrumbando muros y seguir en pie.

EL VUELO DEL TIEMPO
Xabier Sáenz de Gorbea. Facultad de Bellas Artes, Bilbao

De casta le viene el galgo. Ainize es hija de Daniel Txopitea, uno de los mejores pintores surgidos en Euskal Herria durante la década de los setenta. El arte lo ha bebido a sorbos desde siempre, como algo natural. Una actitud necesaria que permite vivir las experiencias de modo más pleno y consciente.


De su padre ha heredado no sólo los rasgos físicos sino también la sed creativa, una especial ligazón entre reflexión y sentimiento y sobre todo el uso de las palabras y el encuentro de las imágenes, pero sin embargo el trabajo de ambos no tiene nada que ver entre sí. Para Ainize Txopitea, la poesía forma parte de la plástica y constituye un todo visual. La obra es un embrión que complementa ambos medios, puede ser leída con fruición y contemplada lentamente. Está abierta a sensaciones, se desarrolla en el espacio y crece en el tiempo.


Como la pintura, la poesía, dice la famosa máxima de Horacio. Pero nada de estar separadas como antaño, sino de implicarse mutuamente, de relacionarse para ampliar las posibilidades expresivas. En el trabajo de Ainize Txopitea las letras forman palabras y conforman sentido. Son capaces de connotar destino, pero también tienen una tipografía y se extienden por los límites de la obra, a distintas alturas y diferentes ritmos, creando múltiples estratos y no pocos alejamientos y acercamientos como los planos en un paisaje.


En algunas ocasiones une frases e imágenes recogidas de los medios de comunicación. Trabaja en forma de collage y va añadiendo elementos que decantan huellas y rastros del proceso. Los textos manan a veces sin cesar y habitan la obra, como un torrente. En otras, la presencia tipográfica es menor y las fotografías son originales. En ciertos casos, es ella misma la protagonista.


La artista deja jirones de sí, pone en valor situaciones, implica y sensibiliza hacia referentes íntimos o afronta cuestiones colectivas. El yo se implica tanto usando la primera persona como mediante la utilización de la propia imagen de la autora. Un autorretrato sincero que hace suyo el recuerdo de lo vivido, maneja situaciones y manifiesta sentimientos e ideas respecto a todo tipo de cuestiones.
Más allá de lo que se percibe, está el misterio de lo que se oculta. Una excitación implicada. La intermitencia de lo latente, como un semáforo que se enciende y lanza señales. La recuperación del deseo. El remojo de lo que excita. La ocultación que comienza a abrirse.. Ainize Txopitea atrapa una prisa que se congela. Como dice en una de sus obras, “El tiempo es el silencio que vuela”.

* Prólogo del catálogo para la exposición El amor nunca deja de ser. Galería Arteko, San Sebastián. Octubre 2007.

 

LA PALABRA COMO PROTAGONISTA
Carmen Gonzalez-Borrás. Galería 100 Kubik, Colonia, Alemania

Quizás por ser hija de pintor, Ainize Txopitea se trasladó a Londres hace 10 años, para empezar desde cero y buscar su identidad como artista, lo suficientemente lejos de las connotaciones de su apellido. Ahora expone con frecuencia, también en el País Vasco e incluso junto a las obras de su padre, porque ya ha encontrado su propio lenguaje.

A través de sus collages, la artista va desglosando su mundo interior y sus preocupaciones, aportando a ellos todas las combinaciones posibles que la tecnológia informática facilita. El ciberespacio es también un lugar para la poesía de Ainize Txopitea, en el que ella se encuentra cómodamente y donde ha encontrado un estilo muy personal hacia el arte.

La investigación se mezcla con la creación y la imagen con la palabra de manera armónica. La palabra en primer lugar, es el motor creador y sugerente para el desarrollo final de la obra. Pero además la tipografía elegida en cada caso, se convierte en el dibujo de la palabra, en parte expresiva y compositiva del conjunto. la artista lanza mensajes visuales que penetran profundamente en el espectador, con los que provoca sensaciones y reflexiones.

Los títulos a veces desaparecen para facilitar el que la obra permanezca abierta y sometida a diferentes interpretaciones. El tema femenino aparece frecuentemente en las fotografías elegidas. Mujeres pertenecientes a otras culturas y a otros periodos históricos, destacando ese papel femenino en contraste con el masculino. Pero no es ese el único mensaje, su postura social está presente cuando muestra a mujeres explotadas, o vencedoras, sometidas o reinantes, adoptando papeles impuestos o voluntarios, y todo ello en una composición en la que además que la fotografía intervienen las pinceladas de color, los papeles desgarrados y como no el texto como protagonista.

* Texto para el catálogo Junge Talente Aus Spanien. Exposición itinerante: Galería 100 Kubik Colonia, Institutos Cervantes Frankfurt y Munich. Agosto de 2008.



 

 

POETAS CONTEMPORANEAS EN LA RED
Tina Escaja. Universidad de Vermont, EEUU

La autora Ainize Txopitea ejemplifica de forma compleja y versátil la propuesta tecnetoesquelética. En el año 2002 la creadora vasca compila en Internet su trabajo de más de una década con la intención inmediata de apelar al lector: “mi intención es entretener no sólo con palabras y visuales sino con la imaginación” (“portfolio”). En inglés, la misma propuesta enfatiza el deseo de colaboración y el sentimiento de afecto: “My intention is to engage the viewer tenderly” (“index”). En ese deseo de conectar, en la porosidad que propone Txopitea con su trabajo, se está distanciando de la modalidad exoesquelética que mencionaba Ostriker. Si el medio tecnológico respondía a ese ámbito racional, de dureza e impermeabilidad, asociado por tradición al hombre, ahora la variante cibernética, como formula Txopitea, invita, seduce por la imaginación y las opciones multimediáticas que adoptan y celebran una pluralidad de expresiones sexuales/textuales. La presunta dureza es meramente formal y pretende la conexión por los nodos, el encuentro inminente con el/la cibernauta.

Se trata de un paisaje avasallador y vigilante al que también se refiere con ansiedad el trabajo de Txopitea, un sentimiento que participa de esa posibilidad de nuestra sociedad informática de reproducir pesadillas mediante las nuevas tecnologías genéticas y electrónicas. Pero la imaginación no sólo produce monstruos; la tecnología permite también la realización de determinadas utopías. La metáfora cibernética presenta el vehículo ideal de ruptura de categorías y designaciones opresivas. Decodificada por el feminismo, la metáfora del Cyborg, en la lectura de Haraway, resulta principalmente liberadora: “it means both building and destroying machines, identities, categories, relationships, spaces, stories” .

Este planteamiento podría trasladarse a una visión feminizada del medio cibernético, que erogeniza lenguajes y desestabiliza la división tradicional entre el yo y el otro. Acorde con el principio hipertextual, dicho planteamiento se extiende a su vez a una polivalencia y multiplicidad de centros implicados en las opciones y conexiones hipermediáticas. Si para Ostriker la finalidad última es la que propone Adrienne Rich: “the drive to connect. The dream of a common language,”11 para Haraway “this is a dream not of a common language, but of a powerful infidel heteroglossia” (181). A esta presentación infiel y dialógica se adhiere el estilo tecnetoesquelético que se reconoce en la obra de Txopitea y de otras creadoras en la red.

El segmento “Poetry” de la página principal del trabajo de Txopitea viene configurado por nueve enlaces numerados en secuencia ordinal. Los nombres o “títulos” de las páginas hipertextuales correspondientes, en una lectura que escojo lineal para facilitar el análisis, son los siguientes: 1: “anatomy;” 2: “libélulas;” 3: “pelo;” 4: “tv;” 5: “tinieblas;” 6: “leche;” 7: “ecos;” 8: “robot;” 9: “líquido.”12 Esos identificadores de ubicación hipertextual especulan con ciertas nociones que se presentan en sus contenidos. Se trata de nociones pendulares que rastrean sentimientos alternativos de solidez y precariedad, que refieren a la naturaleza y a la tecnología, que a menudo rastrean cuestionamientos del ser, claves de la personalidad y de la imaginación de la autora. La tecnología se presenta como invitación y espectáculo de un espacio personal que decodifica la poesía, y también como locus de ansiedad y búsqueda. El afán de conexión y la difusión de límites entre el espacio personal y el ajeno, aparecen explícitos en las palabras de la autora:

¿Qué sensaciones quiero hacer sentir a la gente con mi obra? Pretendo que compartan mi vida a control remoto. Considero que mi poesía es una abstracción de mi verdadero yo. Me gustaría que alguien me dijera que leyendo uno de mis escritos ha descifrado el trabalenguas y ha llegado ha [sic] descomponer las palabras que completan el verso hasta llegar a la hoja en blanco.13

Seguimos en la propuesta del revés, en la técnica híbrida tecnetoesquelética por la que la dificultad previa de penetrar los textos se revela ahora como comunicación y encuentro, como trabalenguas o puzzle de los sentimientos a compartir/descifrar de la autora. El fin de ese acto que Antxon Sarasqueta menciona genuino de Internet y evidente en Txopitea: “la conexión de nuestra mente y sentimientos con muchas otras,” lo constituye, por ese mecanismo del reverso, precisamente el principio del acto creador: la página en blanco. La propuesta tecnetoesqueléstica de Txopitea, que comparte con otras autoras multimediáticas, es una propuesta eminentemente ontológica, alude a esa nueva apreciación liberada, pero también angustiada en el caso de Txopitea, de que “we are cyborgs” (150), de que todos somos entidades cibernéticas según los parámetros constatados por Haraway: “the cyborg is a condensed image of both imagination and material reality (Haraway 150).

El enlace “1” (“anatomy”)14 apunta a esa confluencia onto-tecnológica. Con música de percusión, de insinuación primitiva, se presenta visualmente en la página principal de “anatomy” una doble imagen: en el lado izquierdo un hombre y en el derecho una mujer, en un estilo retro con reminiscencias de la iconografía norteamericana de los años cincuenta. Los dos llevan únicamente prendas interiores y sus cuerpos aparecen segmentados por el trazo que secciona distintas partes de la anatomía. Las indicaciones a cada sección anatómica, sin embargo, no son científicas sino poéticas. La secuencia anatómico-poética progresa al ritmo de los tambores, presentando versos en correspondencia con cada parte del cuerpo segmentado del hombre y de la mujer. Se trata de una progresión simétrica que insinúa el diálogo, que celebra cierta armonía o equilibrio visual y conceptual enfatizado por la música. No obstante, se trata de una simetría imperfecta; de un diálogo truncado. El hombre está en posición erguida, pseudo militar, ofreciendo su cuerpo a la segmentación. La mujer está sentada de perfil, relajada, las piernas cruzadas, y observa al hombre.

La secuencia lírica se presenta igualmente dicotómica. Los versos vinculados a la anatomía del hombre, en el lado izquierdo de la imagen, aluden a la armonía y a la pervivencia incombustible del amor: “Se complementan / las figuras incandescentes / la serenata del amor / el mar en movimiento / de nuestras almas.” Esta visión armónica, incluso romántica, contrasta con el campo semántico de los versos del lado derecho de esa figura: “cansancio,” “espejismo,” “sordera,” “olvidadas,” “desechas,” “cenizas,” “desmemoriada.” La reflexión en esta parte del hombre es ontológica, alude al simulacro y al sentimiento de alienación; insinúan la impresión del ser como falsedad y entidad artificial, construida: “cansancio añadido / a un espejismo de imagen y semejanza / a la sordera de nuestros días/. . ./ Desmemoriada esencia que desnuda y quieta nos devuelve… / a nuestro ser.”

La secuencia lírica vinculada a la anatomía de la mujer es completamente distinta. El campo semántico alude a la naturaleza y refiere a sentimientos que parecen dirigidos al hombre, objeto de la mirada y de las emociones de la hablante. Son sentimientos de amor y rechazo, de aproximación y distanciamiento: “mis sentimientos / hacia ti / son como un refugio acuático / como una decena de troncos apilados / y me hago la sorda.” Esa angustia contradice la pose relajada de la mujer que contempla la reflexión/pose asimismo contradictoria y rígida del hombre.

Hasta aquí, asistimos a una configuración convencional de la relación entre géneros: El hombre-poeta en primer lugar, que define las claves universales desde su posición de sujeto susceptible de trascendencia, que interpreta y cuestiona las nociones del ser. La mujer en segundo lugar vinculada a la naturaleza y la inmanencia, que desea y no obtiene, que depende de sus emociones hacia el varón, que se mantiene en continua posición de espera.

Sin embargo, hay una variante que subvierte y complica radicalmente esa percepción. Existe un vínculo bajo la figura del hombre que no aparece bajo la mujer. Ese vínculo nos lleva al reverso del hombre (“anatomy” b). La misma figura de espaldas, ahora completamente desnuda, presenta una segmentación ya no orgánica sino robótica, en la que los trazos dejan de ser fluidos e inciden en lo mecánico. El texto asimismo revela una nueva identidad, una realidad que se presenta veraz y unívoca y que se enfatiza en mayúsculas. Ese hombre desnudo, entregado a la creación y al trazo robótico, se confirma un androide. Así lo verifican tanto el apunte como los versos: “CYBERAMOR / robótica ancestral / Instinto alienígena /. . ./ REPLICANTES.” Se trata de una automación integrada al cosmos, inserta en el tejido mismo de la condición del ser: “Códigos sanguíneos / portadores de mensajes cromosómicos insertados en el ADN.”

eringa, una píldora, un matraz que contiene una solución de color rojo, un diente molar, un átomo, un signo de interrogación. La secuencia de objetos podría corresponder a distintas ramas de la ciencia: medicina, farmacia, química, biología, física. El signo de interrogación podría referir a la metafísica, pero a una metafísica integrada a la ciencia y la tecnología, como propone Haraway (181). El misterio se resuelve en la realidad informática, en la percepción última de la cualidad construida del ser. Y quien parece construir esa imagen robotizada, desde su posición de control visual, es la mujer, única entidad que mira y, al hacerlo, construye por la mirada y los instrumentos científicos al hombre.

El diálogo, por lo tanto, no parece tal. Se trata de un monólogo robotizado con resonancias en Blade Runner y sus replicantes-androides involucrados en una cacería virtual de la esencia del ser.15 Pero la mujer en el texto de Txopitea, a diferencia de su papel en Blade Runner y el discurso tradicional, se insinúa tener el control, domina por la mirada y su posición privilegiada que construye e interpreta con ese matraz-matriz originario y menstrual. La mujer alteriza al hombre, lo alegoriza, convierte al hombre en reflejo de sus deseos y angustias, en pronunciamiento de su posición ahora trascendente. En esa inversión de papeles, el hombre se presenta vulnerable: desnudo, definido, entregado, obediente, de espaldas. La mujer observa y construye asimismo desde su posición de autoridad poética que diseña e interpreta, enfatizando su condición de sujeto moral, intelectual y normativo. Pero a diferencia de la posición jerárquica tradicional que denunciaba Simone de Beauvoir desde las páginas de su influyente El segundo sexo, ahora el sujeto que interpreta no es Único ni Absoluto sino múltiple y arbitrario.16 Se trata de un sujeto que propone opciones, que invita a correspondencias, que disuelve los límites entre el creador y la criatura y los inserta en una cosmología inclusiva y virtual.

El resto de vínculos en el trabajo de Txopitea incide en el sentimiento de angustia, indaga en la memoria como forma de encuentro con ese yo difuminado y fragmentado, con una inocencia que se sabe desgarrada y extinta en una realidad/urbanidad sofocante, incluso militarista. “Libélulas futuristas” planean apoderarse del mundo (2: “libélulas”). El péndulo desgarrado de la niñez, como un himen o tejido roto, constata una infancia alejada y fugaz de muñecas mutiladas (3: “pelo”). En un paisaje interactivo, la ciudad acaba por imponerse y fagocitar palabras que aluden a la esperanza (“color esmeralda”), y a la transparencia (“ecos de cristal y agua”) (7: “ecos”). Es un sentimiento de una “infinita y mortal naturaleza divina” quebrada por la imbricación robótica y urbana (8: “robot”). En el proceso pendular de dualidades: ser y otro, infancia y madurez, cuerpo y máquina, mar y mecánica, infinito y no ser, del que participan cadencias musicales y sonidos, se pretende hallar la respuesta a modo de origen y fin: “no soy más que un charco de microbios, un vaso de lluvia. / El reflejo majestuoso de la mar” (9: “líquido”).

La cibernética responde entonces a una ontología problemática. Se celebra y, al mismo tiempo, se rechaza como parte inextricable del principio del ser. Ese valor tecno-ontológico que la autora expone al/a cibernauta a modo de “espectáculo de la imaginación, y por tanto íntimo,” afirma Sarasqueta, un espectáculo en el que la verdad última se confirma la pervivencia del arte y de la poesía: “Esta página está dedicada a todo el que crea que la poesía es suficiente” concluye Txopitea en su “portfolio,” enfatizando el término en mayúsculas en la versión en inglés: “This site is dedicated for all who think Poetry is enough” (“index”). Si de acuerdo con la autora en su entrevista concedida a doleku.com, “la complejidad de un diseño subliminal es también poesía,” la creación poético-ontológica se ramifica ahora por el hipertexto en búsqueda celebrada, pero también angustiada, de conexión. De este acto último de comunicación participa el deseo de encuentro tanto consigo misma como con los demás, en esa “communication with all of our parts” encomiada por Haraway.

* Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. 2003


DESTINATIONS-MADRID
Guillermo Espinosa. Editor de Marie Claire, Madrid

El trabajo poético de Ainize Txopitea apabulla por la madurez formalalcanzada en apenas una década de trabajo, que en la mayoría depoetas de su edad se traduce en el paso del estilo adolescente a la madurez creativa.

A Ainize Txopitea parece que se le olvidó eltránsito adolescente, y su poesía mantiene una línea de profundidademotiva y conceptual muy por encima de la que se desarrolla ahora mismo en España, generalmente más obvia, cultista y pocoavanzada. Influida decididamente por el trabajo de Joan Brossa, Txopitea haencontrado en el universo cíber una forma de integrar artes plásticasy lenguaje.

Sus poemas utilizan la tipografía, la fotografía, la imagen gráfica y en movimiento, el diseño, la voz y el sonido para ampliar loshorizontes de la palabra, ya sea como marco para apuntalar elsentido o como un método para añadir apuntes emotivos, sensuales, conceptuales o incluso humorísticos al desarrollo de unas ideas deturbadora complejidad estética.

El dominio de la metáfora, laasociación de ideas, la imagen poética y la cadencia más allá del hermetismo o el ultraísmo expresivo (dos líneas que subyacen ensus creaciones de una forma lejana, asumidas como parte de unaherencia no limitadora) la convierten en un caso único de la creación litearia en español.

Las formas airadas pero también reflexivas de sus trabajos, su vocación rupturista con la tradición del formalismo poético (pese aser ella misma una gran formalista) y la sencillez directa de supensamiento, cercano a los hechos y temas reales de la vida cotidiana contemporánea, se ha traducido en un buen puñado detrabajos de entre los que destacan su “Cartelería Poética”, laciberpoesía experimental a través de su web www.cyberpoetry.net y esta “Poesía Sin Sentido(s)” que prensenta en Espacio García.

* Texto para la exposición Destinations-Madrid. Espacio Garcia Madrid. 2006

CARTELERIA POETICA
Laura López Fernández. Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda

Fiel a la cultura visual de los “nuevos” tiempos, la autora vasca Ainize Txopitea nos ofrece una serie de imágenes-póster y, en cierto grado, poemas visuales, que comparten una temática de actualidad: la violencia. Signo y sino de los últimos tiempos, la violencia social, política, sexual, informativa, callejera, cultural y contracultural se ha convertido en nuestra sombra acompañándonos a todas horas y a todos los lugares.

La autora receptiva a nuestros gritos cotidianos y anónimos, desenmascarando en un abrir y cerrar de ojos, desastres históricos provocados, crea un lenguaje o “Langu(im)age” que es una crónica de mundos desolados y agredidos. Se trata de una crónica visual crítica y de denuncia; una escritura visual de protesta contra la violencia de todo tipo y contra la muerte del espíritu y del arte encasillado en una única disciplina.

La “Cartelería Poética” de Ainize Txopitea consta de 24 carteles y se abre con un epígrafe de Joan Brossa que apunta al eterno “dilema” de la brevedad de la vida y la importancia de captar lo “esencial” en una sola mirada. Ubicando a sus espectadores en esta premisa que tanto han tenido en cuenta los vanguardistas de todos los tiempos, la autora se sirve de un lenguaje fundamentalmente visual.

En una sola mirada a estos carteles podemos percatarnos de la rapidez con la que se emiten y perciben ciertos contenidos anímicos logrando transmitir en una brevedad esencial una serie de sensaciones y emociones vinculadas a la temática de la violencia con una sintaxis verbal mínima centrada en variantes léxicas pero dedicando una gran atención al color y selección de íconos de la cultura popular.

La sintaxis verbal mínima si bien estática adquiere un grado de dinamismo consecuente semánticamente con las imágenes empleadas. Destaca por ejemplo en este aspecto la combinación de sencillos juegos verbales de carácter asociativo y disociativo los cuales a su vez dan cuerpo al contenido visual en el que se insertan. Leamos dos ejemplos en dos carteles diferentes: –M ATAME- y -MATAMATA-.

Se sugieren las siguientes combinaciones léxicas: átame, mátame y mata, ata, ama. Alude la autora a un lugar común en la literatura amorosa y mística de todos los tiempos pero en realidad estos juegos verbales adquieren aquí un tono desmitificador y crítico con relación a la explotación de ciertos estereotipos por los medios de comunicación de masas (cine, propaganda de tipo consumista,). El lenguaje verbal es en esta serie de carteles un elemento recurrente que refuerza el tema central de crítica contra la violencia.

En el aspecto visual la técnica del collage se vuelve funcional con respecto a la temática de la violencia creando un ritmo rápido y agudo o cortante. La técnica de acumulación de elementos en un mismo cartel aumenta el grado de tensión. Además la disimilitud de los objetos e íconos incluidos en los poemas carteles refuerza el sentido de caos y ruido urbano, condición del ser contemporáneo. Otro elemento gráfico compositivo original en esta escritura que enfatiza estos territorios verticales y tensos es la utilización de un fondo de píxeles, cuadrículas, casillas y puntos en blanco y negro. Esto evidencia no sólo una gran conciencia pictórica y técnica por parte de la autora sino también una escritura funcional temáticamente.

Esta escritura destaca también visualmente por el uso recurrente de ciertos contrastes cromáticos – blanco y negro y rojo y negro-. Estos contrastes semantizan visualmente el tema de la violencia. La pasión, el desenfreno, el sexo, la sensualidad (simbolizada en el mito de Lauren Bacal), la sangre, la muerte (los niños gas y la esvástica nazi), el dolor y la incomprensión (Frida), el terrorismo, Irak (Bush), la violencia callejera, voces de protesta anónimas (graffiti), son algunos de los mensajes centrales emitidos en estas imágenes collage.

En el primer poema visual que se nos ofrece “Ser Palabra”, la violencia actúa como arma arrojadiza a nuestros sentidos externos: la vista, el olfato, la boca. La joven del poema no puede hablar, ver ni oler. El poema está desprovisto de color, hablando por su mudez y violencia expresiva. Las tijeras en la boca y nariz y las letras tapando los ojos actúan aquí como lenguaje censor, como aparato omnipresente y represor. Se trata de un poema de urgencia, de pánico, de dolor, de muerte del espíritu. Es un poema en blanco y negro con un fondo de crucigrama, con casillas en blanco y negro a rellenar en el que la juventud y los pasatiempos posan ante nosotros con conciencia de crisis. El mismo concepto de crucigrama es una clave de lectura de toda la “Cartelería poética” a la que nos invita la autora ofreciéndonos un mundo a descifrar en códigos verbo-visuales.


En estos poemas no se acude a la nostalgia sino que se pretende hacer una crónica del espíritu de barbarie que domina en nuestro mundo y de las circunstancias históricas que nos rodean las cuales están cargadas con el signo de la violencia, el vacío, el dolor y la desesperación. La muerte del espíritu y del cuerpo se presenta como resultado forzado, que no fecundo ni natural, cubriendo los casilleros en blanco y negro del crucigrama en el que vivimos.

El tema central de estos carteles no es algo nuevo así como tampoco lo son las técnicas visuales utilizadas por la autora quien con materiales típicos de las artes visuales nos “habla” de algunas de las grandes crisis de nuestro tiempo utilizando la fragmentación y la multiplicidad como elemento ético y estético. Lo que nos ofrece esta escritura no es un paraíso visual o verbal al cual escapar o un locus amoenus sino un espacio reciclable que en cuestión de unos segundos aporta un doble sentido crítico, estético y político, acerca de nuestro mundo dominado por tensiones y vacíos.

La autora siguiendo a Brossa y a otros pioneros de este lenguaje interdisciplinario y mixto utiliza varios lenguajes para producir un mensaje sinestésico y no simplemente verbal o conceptual. Sus carteles huyen de las limitaciones de género, no tienen fronteras para la percepción así nos hablan a los sentidos directamente a través del color, la imagen, la grafía y las palabras.

Como lectura complementaria a su “Cartelería Poética” es preciso ver la página web de la autora, especialmente la sección titulada “Experimental Poetry”: http://www.cyberpoetry.net/web_content/menu.html en el que se nos ofrecen unos poemas visuales cibernéticos, cinéticos, abiertos a variantes léxicas y por lo tanto semánticas pero que necesitan de la participación del lector o lectora. Inicialmente se parte de una matriz de palabras y letras que se activa generando la posibilidad de múltiples poemas y se detiene en el momento deseado al pulsar un botón. En este momento se materializa una posible lectura, un posible poema y se desactivan las otras lecturas, los otros poemas. El tiempo y el espacio son dos factores determinantes de la semántica del poema. La movilidad se ha convertido en una valencia esencial. Detrás de esta producción poética hay principios de la teoría del caos y de la geometría fractal. Hay una concepción intrínseca del funcionamiento del universo como algo abierto y dinámico pero al mismo tiempo con ciertos patrones y orden.

Sin lugar a dudas Ainize Txopitea tiene en su producción poética un amplio repertorio de escrituras visuales, algunas con propuestas artísticas pioneras como la escritura fractal.

* Texto para el catálogo The only bush I trust is my own. Museo Vostell de Malpartida de Cáceres. Junio 2006.

ART REVIEW
Carina Wan. Londres

Though at times the visual aspects of Ainize Txopitea’s works can seem anomalous, there is a strong thread that binds her pieces together, not through images, but through words. Poetry for Ainize is her true art, the purest form of expression with which she enhances, romanticizes and politicises the collages and digital imagery that makes up her work. Just as the images are formed by layer upon layer of visual stimuli, so is her art work completed by adding another layer of meaning through her poetry.


The words command the viewer to look again, to allow the essence of the words, the frequent purity of her emotions to filter through the mind. Encouraging us to give into the night, the dreams, the silence where ‘time flies’, Ainize’s poetry avoids any resting place.

It is without gender, or specification; evocative of proverbs, where time can not age the meaning. However, simultaneously the symbiosis between art and poetry enables the artist to flood us with a torrent of images and thought processes, questions and possibly even some answers. Living through the digital revolution where download speed and Photoshop magic convince us that we can drink up art, culture, politics and sex before breakfast by clicking on to the latest craze, Ainize and her work becomes both advocate and challenger.


The presence of the artist in her work is dominant throughout whether seen in her self-portraits or through the images of women she chooses to give her voice to. Ainize is one and all of the women whether in the guise of an overtly sexual nude or a uniformed male usurper. Additionally, the artist is seen not only through images of herself but through her own words. Through her poetry she achieves an overriding presence, ownership, without the need to place herself physically within the picture. Her words are as much a part of her, demonstrative of her self, as a physical presence of her.


For Ainize, chaos is something that appears both in technique and thematically. It can be seen in the turbulent typography, the rise and fall of the letters that shout at us in their bold black, white and reds, the undulating spaces. As inspiration, it is a constant source. Ainize welcomes it into her life and feeds it until it is full, observing its growth and the effects it brings with it, making the whole process of using life as a muse, seeing every situation through the eyes of an artist or indeed poet, an integral part of the process.


The birds that can be seen alighting the earthly restraints of Big Brother’s watchful eye represent a freedom achieved through inspiration with the simple message that “time is silence that flies”. Whilst the delicate wings of the butterfly reinforce this power in reference to the chaos theory itself, the subject of anarchy appearing once more. Both are carriers of that silence as they take to the air. And with that silence, comes unspoken words.


Words pulse through Ainize Txopitea. They are part of her make up, an extension of her physical body, an extension that can be seen throughout her work. In 2007’s “When Pencil’s Cry” we see that words flow through her very veins like a life force.

Poetry streams down her face as tears, or grows like hair and though in “Poesía sin Sentido” she may cover her ears and eyes to the “evils” she may experience, she will never allow her mouth to censor her thoughts.

If we are then to see any part of a woman’s body, as part of her creativity, then the image of the man shaving the woman’s head (one of very few appearances by men in this collection), becomes one of violence, destruction and oppression.

However, the women that we see, the artist in her many guises, are anything but weak. They are iconic and masterful and through the poetry, are given a voice. Likewise with this collection Ainize Txopitea has indeed achieved “Ser Palabra”; to be word.

* Octubre 2007

RECTANGULOS DEL CAOS
Lila Zemborain. King Juan Carlos Centre, New York

¿qué es ser palabra para ainize txopitea? es un texto concreto que dibuja trazos, trozos, añicos, recortes, rasgaduras, retazos de materiales visibles o posibles, centrados o aviesos, en rajas, heridas, contrastes, paradojas, señales y sueños, pensados, velados, sufridos, anhelados, en cruz, en ejes, sonoros ultrajes, trajes, injertos, ejercicio sustantivo de definición híbrida, mediática, sostenida y solitaria, denuncia parcial trazada en líneas que culminan en letras, rojos poemas que salen del lápiz, emblemática síntesis, coágulo, resumen, ejercicio, recta, feto que sueña la imagen quebrada, autorretrato partido, poemas salientes del cuerpo en boca, ojos, manos y espalda, como si de espaldas fuera la forma del percibir quebrado, insustancial, a medias, imagen ascética inscripta de letras rumiando acertijos, silencios, idea, vuelo, aleteo, tachadura, lo social disuelto en la noche, triturado en mensajes, aforismos y antítesis que nada resuelven, que resuelven la nada, y el amor se mantiene, pero ¿qué amor hay en estas sentencias rasgadas? el desconcierto resalta el enigma, que a su vez acentúa el poema, sentencias que arrastran desvelos, como si la mente supiera que el cuerpo inscribe artificios que mutan el detrito en palabras, en epitafios que trazan los perfectos rectángulos del collage.


DOS GENERACIONES EN LA PINTURA
Juan Antonio García Marcos. Crítico de Arte. San Sebastián.

La obra de padre e hija se aglutina sobre el espacio de la Galería Alga, para Daniel Txopitea (1950-1997) el tiempo ha pasado, se perdió en la nebulosa del espacio en el mejor momento creativo del artista.

Esta exposición nos sirve de recuerdo, nos acerca de nuevo a su obra y nos permite acariciar al natural algunos de sus trabajos perdidos en la reminiscencia del tiempo. La muestra es un corto repaso a la memoria de uno de los momentos creativos de Txopitea, a las formas y contenidos de su labor que ampliamente pudimos ver en la antológica que se colgó en la Sala Kutxa en 1998.

Lejos quedan también aquellas reuniones a modo de exposición que organizaba en su estudio en el caserío Mendizábal de Zarautz; un lugar escondido en el monte donde el artista se encontraba con la soledad creativa, en una búsqueda constante entre el pensamiento y la realidad cotidiana del trazo sobre el lienzo o el papel. Su paso por la dirección de la galería Altxerri fue, sin dudarlo, otra etapa de su vida con la que enriqueció el panorama artístico donostiarra. Sólo seis obras, por eso nos quedamos con las ganas de apreciar más elementos del desaparecido artista considerado eibarrés, nacido en Ermua y afincado en Zarautz, cuya trayectoria es materialmente imposible de resumir en estas líneas.


Hoy podemos hablar de los Txopitea, como en otros tiempos pudimos hacerlo de los Camps o los Cabanas; de padre a hija encontramos una diferencia en el tiempo, como es natural, pero escaso es el contraste que podemos destacar de Ainize en el corto espacio que resta desde su reciente y amplia muestra en la galería Arteko, apenas seis meses.
Sus creaciones, que discurren por diferentes puntos de creatividad, pasaron entonces del collage al trabajo desde el ordenador.


En esta muestra compartida con el hacer de su progenitor, destacamos una obra nueva pensada para esta simbiosis entre padre e hija. Hace aparición con más fuerza el color, en una mezcla de materiales que nos lleva al collage en su sentido más puro y rico. En esta aportación de Ainize podemos apreciar diferencias en sus creaciones, elementos que contrastan pero que al mismo tiempo conservan la línea expresiva diseñada por la artista para este momento, sin duda, en un equilibrio constante.


Quizá un trabajo pensado para esa necesaria concordancia entre la obra de los dos, que sin confundirse se complementan en un acertado montaje, marcando la diferencia, sin estridencias ni choques generacionales, cada uno en su sitio.

* Noticias de Guipúzcoa. Domingo, 13 de abril de 2008.

ORIGEN COMO DESTINO
Remedios Zafra. Profesora titular de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla.

En todo viaje (incluso el creativo) no hay lugar más prohibido que aquel del que partimos, salvo cuando el lugar viene con nosotros. Eso se advierte en la obra de Ainize Txopitea.


Ella empieza en la poesía, pero éste (ella lo sabe) también es su destino. Por eso no toma partido por un camino u otro (llevando el camino con ella cualquier territorio se hace transitable). Por eso en ella convive lo que vuela y lo que se arrastra, lo escondido y lo visibilizado, la palabra y la imagen (hecha o capturada) como signos de un mismo deseo, a veces soñado, a veces sentido en el cuerpo y siempre hecho lenguaje, lanzado al mundo, para que el mundo lo lea en su mismo idioma, ideogramático, híbrido, fragmentado, múltiple, sin disciplinas que lo limiten, claro y contradictorio, perturbando el arte de una época banal desde dentro y con la única réplica vital posible: la poesía. Y ella parece decir: “Aquí os dejo mi piel, en el signo (culmine pájaro o letra)”.


Versos trasmutados en imagen, esperando en palabra o sin barrotes que la limiten a un solo lugar en que posarse. Ella lo sabe y juega a que la domestica en recintos planos y rectos, sabiendo que la pregunta, la palabra (incluso la no dicha), no habitan solamente donde se escribe y, por eso, si lo observan advertirán que una ausencia circula en todas sus obras. Como si, habiéndose derramado en ellas, un halo post-matérico quisiera llevarse algo para sí, ocultando o tachando. Ella lo sabe. Lejos de desaparecer, lo tachado y lo tapado (no duda, no error) se vuelve diacrítico. Y queriendo esconderse se hace más visible. Como aquello que tememos que nos arrebaten y para evitarlo fingimos que ya lo hemos perdido nosotros “voluntariamente”, que está desechado, para sólo así salvarlo.


Por eso en sus obras late una ausencia, de indeterminación, de posibilidad. Aquello que sin ser negociable se pone en cuestión para que aparezca en quien observa o lee: los lazos que vinculan los fragmentos de un paraíso despedazado de sueño y naturaleza. A modo de hilo invisible esa ausencia contiene un mensaje para quien quiera le(v)erlo (guardada en un sueño está la llave).


Allí donde su obra culmina siempre tres visiones conversan: naturaleza, sueño y lenguaje y entre ellas: el cuerpo (naturaleza) y la máquina (sueño) fundidas ciborg con hilos del telar de Ada (hilos que escriben). Ella no es un ella-collage-sin sentido, ella es mujer. Ella está en la imagen robada al cielo, al agua o a la tierra, recompuesta con ceros y unos. Un océano de posibilidades que se van y uno al que llegamos.


Pero estos océanos parecen ser circulares y cuando creemos salir de ellos nadando, en botella de cristal o en barca, nos damos cuenta de que se funden en las mismas aguas. Como si el trazo del lápiz y la manipulación tecnológica nos llevarán al mismo lugar, un lugar futuro donde seguimos viendo lo mismo que allí de donde salimos, que allí de donde venimos. En el viaje creativo los signos parecen rememorar hipótesis rituales y antropológicas sobre el origen poético y afectivo del lenguaje. Y éste también como su destino.


Allí los signos y las palabras casi nunca se recomponen sobre el blanco (como la vida, la letra tiene su imagen-contexto). Bajo las palabras la imagen no ilustra, se mimetiza, y el conjunto final parece surgir de un filtro que destila poesía, curiosamente un filtro cuyas gotas nunca son homogéneas.


Hay en ella una salida catártica ante la vida, la muerte, el tiempo y el amor. Un destino que parecen seguir sus instrumentos gráficos (también se duelen y tienen corazón) y por eso la mina rota sangra líquido rojo, vaporoso, deshilachado y etéreo, como lo que ha dejado de escribir ¿Qué sino amor puede producir un lápiz de venas rojas cuya sangre vuela en el aire?
Hay además un intento de recuperar el rostro evidenciando su pérdida, o de agarrarse al cuerpo cuando se intuye su menoscabo. No es tanto lo que escribe en la espalda, floritura del despiste, mensaje paralelo, sino lo que abrazan sus manos, quién abraza su cuerpo. La necesidad de agarrarse a sí misma para ser, para impedir que desaparezca, para amarse y que el cuerpo no se desvanezca desalentado por la máquina, fragmentado entre los sintagmas, palabras y letras de tantos lenguajes que la visten.


Porque en el cuerpo hierven las palabras que a veces de manera incontenible consiguen escapar por la carúncula lagrimal, por el pelo, por la boca. Sólo es posible contenerlas cerrando los ojos, dejando de ver. Sólo tachando los ojos (con las manos) es posible verse a sí misma, ver el cuerpo y recuperarlo antes de que se deshaga fragmentado en letra.


La puesta en escena del caos y el orden no se hace desde la alternancia de ambos, sino desde su implosión, como quien actúa pensando: Con esto no me basta. Debe haber más que una cara y su reverso, algo al otro lado del otro lado. Seguro que alguien, al igual que yo, puede verlo. Ella (la obra de Ainize Txopitea) es poesía. Y ella parece decir: “Aquí os dejo mi piel y no sólo lo profundo”

PALABRAS ATRAPADAS
Jaime Aznar. http://www.korova.es/visual.php?pag=&id=363

La típica mente inquieta que empezó en el mundo del diseño gráfico y de internet, acaba evolucionando hasta convertise en un monstruo interdisciplinar capaz de engullir las áreas más comprometidas del expresionismo contemporáneo.

Tras un sin fin de exposiciones y publicaciones que abarcan desde lo plástico, a lo poético y experimental, incluída una proflífica estancia en Londres, ya sólo nos queda a los demás comenzar a hablar sobre ella.

Este jueves día 19 de noviembre en la Galería Fidel Balaguer de Barcelona (Consell de Cent, 315 entl. 2ª), se presenta parte de su trabajo en la exposición colectiva titulada Grafías del Caos, cuya apertua está programada para las 19:30.

Quien tenga grandes inconvenientes para acudir, puede perderse igualmente en el portafolio de su página web, y cristalizar minuto a minuto las siluetas metafóricas, las escenas partidas que se pintan entre letras y susurros de colores dipersos, con el habla serena de un mundo que aunque no lo paezca, habita siempre en nuestro inteior.